Una línea de caución es un límite agregado aprobado para un solicitante concreto, fijado sobre unas cuentas y una contragarantía, dentro del cual se emiten los avales uno a uno según va llegando el trabajo. Cada aval emitido consume parte del agregado y cada aval liberado lo devuelve. La decisión de crédito ya está tomada cuando se pide un aval, y por eso la respuesta puede ser rápida.
Ese es el argumento práctico. Con el texto acordado de antemano, un aval de cumplimiento para un titular de línea se emite en 24 horas —el plazo publicado en la página del producto—, mientras que un primer aval para un solicitante nuevo tarda lo que tarda leer unas cuentas y una contragarantía, porque eso es lo que es. Pedir una línea en febrero es la misma conversación que pedir un aval suelto en febrero. Pedirla en octubre, con el contrato adjudicado y el acceso a la obra pendiente, no lo es.
El dimensionamiento es donde se equivocan la mayoría de las líneas, y el error está en dimensionarlas por la facturación del año o por la cartera de licitaciones. Lo que tiene que caber dentro del límite es el máximo de obligaciones vivas al mismo tiempo, que no es la suma de los contratos del año y suele ser más alto de lo que el corredor espera. Las retenciones siguen vivas un año o más después de la recepción de la obra. Una garantía de pago anticipado vence con la entrega, que puede ser mucho antes de que el contrato termine. Un aval de licitación y el aval de cumplimiento que lo sustituye se solapan unas semanas. Cuente los solapamientos del peor mes y dimensione para ese mes.
Mantener una línea no cuesta nada. La prima se cobra sobre los avales efectivamente emitidos, al tipo acordado cuando se fijó la línea, más la comisión de emisión de cada aval: no se cobra por el límite no dispuesto ni se vuelve a tarificar el tercer aval porque el año haya salido movido. Lo que el solicitante entrega son unas cuentas al año y una respuesta clara sobre la estructura del grupo.
La mitad que se descuida es la liberación. El agregado que ya está pagado y no hace nada es lo más caro que hay en una cartera de caución: avales que deberían haberse cancelado en la recepción de la obra siguen en vigor durante años porque nadie pidió al beneficiario la liberación. A los titulares de línea les enviamos cada año una relación de los avales vivos y la base de vencimiento de cada uno, y el sentido de esa relación es que se discuta.
Qué enviar al pedirla: las últimas cuentas auditadas y las cifras de gestión actuales, las obligaciones previstas para los próximos doce meses por tipo e importe, los textos que utilizan los dueños de obra del solicitante y la estructura del grupo, para que la contragarantía venga de la entidad que tiene los activos. Eso es una sola presentación. Todo lo que viene después es una llamada de teléfono.
Escrito por el equipo de suscripción de FDI Insurance d.a.c., Dublín. Esta pieza es información general, no asesoramiento sobre ninguna operación concreta, y no es una oferta de seguro.



