Una cuenta de pago diferido permite a un importador pagar los derechos y el IVA mensualmente en lugar de envío a envío, y la cuenta solo es tan grande como la garantía que la respalda. Esa garantía se dimensiona normalmente una sola vez, al solicitarla, en función de los volúmenes que el negocio tenía entonces. Nadie se pone un recordatorio para revisarla.
Lo que vemos después, y lo vemos varias veces al año, es una expedición retenida a mitad de mes porque la cuenta de aplazamiento ha tocado su techo. El negocio no se ha deteriorado: ha crecido, o ha tenido un pico estacional, o han cambiado los tipos de derechos de una parte de su gama. La garantía se ha quedado donde estaba.
El error de fondo es dimensionar según el pasivo medio mensual. Una garantía tiene que aguantar el mes de máximo, y en cualquier actividad con perfil estacional —materiales de construcción, insumos agrícolas, todo lo que se embarca antes de un trimestre comercial— ese máximo puede estar muy por encima de la media. Cuando una empresa tiene a la vez una cuenta de aplazamiento y movimientos en tránsito, las dos exposiciones hay que sumarlas, no netearlas de cabeza.
Revisamos anualmente los límites de las garantías globales frente a los volúmenes declarados en las facilidades que tenemos, y estudiaremos un aumento provisional en menos de una semana cuando los datos de comercio lo respalden. Es un trámite pequeño que evita un tipo caro de parón, y es mucho más fácil de hacer en un mes tranquilo que en la semana en que un contenedor está parado en un puerto.
Escrito por el equipo de suscripción de FDI Insurance d.a.c., Dublín. Esta pieza es información general, no asesoramiento sobre ninguna operación concreta, y no es una oferta de seguro.



